Remember that plot bunny about a janitor falling to a water tank in a lab? I'VE COMPLETED IT YAYZ. You know the feeling after finishing a story, of complete relaxation and satisfaction? Totally riding it right now. It's almost 1000 words, and it's the longest I've written in Spanish in a loooong time. Which is, uh, sad. *looks shifty* I blame fandom and it's shiny.
And I know I haven't posted HP fic in like, ages, but I have been writing it! I've already sent my entry for the
hp_angstfest, but I don't really know why isn't it up already. *shrug* It's hot, I promise. And then I have to write Remus/Sirius inky!sex. Because, Well, because. XD
Have I mentioned I ♥ my new story and it's cool and odd and features present tense, second person, Chemistry and a freaky mermaid? Have I?
Title: Asfixia
Rating: PG-13
Word Count: 959
Author Notes: Written for my writing class. The assignment was to experiment with Tone in narrative and various points of view.
Te levantas, te bañas, te subes al metro junto a otros cientos de personas, llegas a trabajar. Otro día más, y hoy tampoco sonríes.
---
Tratas de tararear mientras trapeas, te imaginas unos audífonos cubriendo tus orejas – murmurándote las canciones de moda, pero siempre terminas callándote de nuevo, y usualmente al final del día, cuando vuelves cansado a casa, no te importa romper con el estereotipo del conserje alegre.
Esta noche te quedas más tarde, y tratas de aguantar las náuseas mientras limpias la substancia gelatinosa del suelo. No es lo peor que has tenido que recoger, ni será lo último (una vez viste algo que se parecía a un dedo humano, pero tratas de no pensar en eso).
Las luces principales ya están apagadas, y te guías por las pequeñas luces a raz de suelo que están alineadas contra las paredes, formando sombras cortas. Oyes una voz – un cántico - cuando vas de camino a dejar el carrito de la limpieza, y volteas a todos lados con los ojos muy abiertos, pero no preguntas si hay alguien porque en las películas de horror siempre se comen/persiguen/descuartizan/matan al primero en decir esas palabras.
El cántico de nuevo. Casi como la canción de una ballena, eterna y majestuosa, pero terrenal en una forma que te pone los pelos de punta. Abres la puerta del laboratorio principal con las manos temblorosas, te adentras al cuarto blandiendo el trapeador como arma. Sudas del miedo. En el medio del cuarto hay un tanque de agua (obscuro en la penumbra, calmado y sin movimiento; un hoyo negro) que te han dicho está vacío, así que lo ignoras mientras esquivas microscopios y tubos de ensayo más caros que tú mismo.
Golpeas el aire unas cuantas veces con el palo del trapeador, y el sonido más que quitarte el miedo te lo aumenta. El canto suena de nuevo. Te volteas demasiado rápido, se te atora el pie en uno de los tubos refrigerantes que cubren el suelo. Caes por metro y medio de aire, y cuando entras al agua se siente helada.
Abres los ojos por puro instinto, y a través del tinte verde que pinta este mundo submarino y la pared de burbujas que te cubre después de tu caída alcanzas a ver algo, un rostro fantasmagórico que te mira atento.
Tratas de gritar, pero lo único que logras es perder todo el oxígeno que quedaba en tus pulmones. La criatura se acerca, cabello pálido flotando a su alrededor. Te quedas inmóvil del puro susto, músculos tensos mientras una mano con piel creciendo entre los dedos en formas de aletas te toca en el pecho.
La criatura retira la mano al instante, casi asustada, mientras tu cabeza está apunto de estallar y te arde todo por dentro; y entonces (un instante de comprensión) – sin advertencia – la criatura sonríe.
(Y se ve casi humana.)
Subes a la superficie con movimientos desesperados, apenas duras segundos tomando aire, y te vuelves a sumergir al misterio que acabas de descubrir.
La criatura (Ella en tu mente, sirena moderna sin un ápice de fantasía), vuelve a cantar, y pierdes el miedo como por arte de magia.
---
La visitas seguido, después de esa primera noche. Tu pelo se blanquea con los químicos que le ponen al tanque, y cuando descubres el número setenta y ocho tatuado en su piel verdosa te preguntas que es lo que está haciendo ahí.
Pero la novedad le gana a la curiosidad, y guardas el secreto con tal de tener alguien con quien estar y no tener que hablar.
---
“El experimento setenta y ocho está listo,” oyes decir a uno de los profesores.
Estas limpiando la oficina del distinguido director del centro cuatro meses después del hallazgo, y como siempre, ellos pretended que tu estas ciego, sordo y mudo para el mundo.
Te mueres de la curiosidad. Rompes tres frascos ese día, y apenas y prestas atención cuando te dicen que te los van a descontar de tu sueldo. Finges que se te olvido algo esa noche, caminas de puntillas por los pasillos obscuros hasta llegar al laboratorio principal. Hace meses que te hiciste una copia de la llave, aún cuando sabes que te podría costar tu trabajo.
Te quitas los zapatos junto al tanque, doblas tu camisa con cuidado y la pones encima de ellos con el reloj arriba como pilita de cementerio indio. Es invierno, y el agua está más fría que de costumbre, pero no te importa mucho mientras finalmente te sumerges. Tardas unos minutos y unas cuantas bocanadas de aire en verla, pero Ella viene a ti como siempre. Le sonríes, te sonríe, y nadas alrededor de Ella buscando el secreto que los profesores dicen ya esta listo. Ella te sigue mientras das vueltas a su alrededor, un baile con burbujas como música.
Al fin te toca, y sientes el cambio de inmediato. Tu piel se seca, se arruga y se junta y tú no puedes respirar. El agua que conforma tu cuerpo pasa por las ventosas en las yemas de los dedos de Ella, aún rodeado del mismo elemento. Ella voltea la cabeza a un lado con inocente curiosidad mientras tus células se mueren una a una y con el H20 se va también el O2 (y el sodio, y nitrógeno, y el fósforo, y todos esos otros elementos necesarios para la vida).
Ella te vuelve a sonreír antes de que pierdas el conocimiento, pero no vuelve a cantar. Descubres su propósito final (arma biológica inexistente, hecha para perderse en las páginas de los tabloides amarillistas) mientras te hundes a fondo del tanque, y Ella te sigue con los ojos muy abiertos, sorprendida.
La superficie del tanque sigue plana, sin una sola onda, y el cuarto permanece en silencio.
And I know I haven't posted HP fic in like, ages, but I have been writing it! I've already sent my entry for the
Have I mentioned I ♥ my new story and it's cool and odd and features present tense, second person, Chemistry and a freaky mermaid? Have I?
Title: Asfixia
Rating: PG-13
Word Count: 959
Author Notes: Written for my writing class. The assignment was to experiment with Tone in narrative and various points of view.
Te levantas, te bañas, te subes al metro junto a otros cientos de personas, llegas a trabajar. Otro día más, y hoy tampoco sonríes.
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Tratas de tararear mientras trapeas, te imaginas unos audífonos cubriendo tus orejas – murmurándote las canciones de moda, pero siempre terminas callándote de nuevo, y usualmente al final del día, cuando vuelves cansado a casa, no te importa romper con el estereotipo del conserje alegre.
Esta noche te quedas más tarde, y tratas de aguantar las náuseas mientras limpias la substancia gelatinosa del suelo. No es lo peor que has tenido que recoger, ni será lo último (una vez viste algo que se parecía a un dedo humano, pero tratas de no pensar en eso).
Las luces principales ya están apagadas, y te guías por las pequeñas luces a raz de suelo que están alineadas contra las paredes, formando sombras cortas. Oyes una voz – un cántico - cuando vas de camino a dejar el carrito de la limpieza, y volteas a todos lados con los ojos muy abiertos, pero no preguntas si hay alguien porque en las películas de horror siempre se comen/persiguen/descuartizan/matan al primero en decir esas palabras.
El cántico de nuevo. Casi como la canción de una ballena, eterna y majestuosa, pero terrenal en una forma que te pone los pelos de punta. Abres la puerta del laboratorio principal con las manos temblorosas, te adentras al cuarto blandiendo el trapeador como arma. Sudas del miedo. En el medio del cuarto hay un tanque de agua (obscuro en la penumbra, calmado y sin movimiento; un hoyo negro) que te han dicho está vacío, así que lo ignoras mientras esquivas microscopios y tubos de ensayo más caros que tú mismo.
Golpeas el aire unas cuantas veces con el palo del trapeador, y el sonido más que quitarte el miedo te lo aumenta. El canto suena de nuevo. Te volteas demasiado rápido, se te atora el pie en uno de los tubos refrigerantes que cubren el suelo. Caes por metro y medio de aire, y cuando entras al agua se siente helada.
Abres los ojos por puro instinto, y a través del tinte verde que pinta este mundo submarino y la pared de burbujas que te cubre después de tu caída alcanzas a ver algo, un rostro fantasmagórico que te mira atento.
Tratas de gritar, pero lo único que logras es perder todo el oxígeno que quedaba en tus pulmones. La criatura se acerca, cabello pálido flotando a su alrededor. Te quedas inmóvil del puro susto, músculos tensos mientras una mano con piel creciendo entre los dedos en formas de aletas te toca en el pecho.
La criatura retira la mano al instante, casi asustada, mientras tu cabeza está apunto de estallar y te arde todo por dentro; y entonces (un instante de comprensión) – sin advertencia – la criatura sonríe.
(Y se ve casi humana.)
Subes a la superficie con movimientos desesperados, apenas duras segundos tomando aire, y te vuelves a sumergir al misterio que acabas de descubrir.
La criatura (Ella en tu mente, sirena moderna sin un ápice de fantasía), vuelve a cantar, y pierdes el miedo como por arte de magia.
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La visitas seguido, después de esa primera noche. Tu pelo se blanquea con los químicos que le ponen al tanque, y cuando descubres el número setenta y ocho tatuado en su piel verdosa te preguntas que es lo que está haciendo ahí.
Pero la novedad le gana a la curiosidad, y guardas el secreto con tal de tener alguien con quien estar y no tener que hablar.
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“El experimento setenta y ocho está listo,” oyes decir a uno de los profesores.
Estas limpiando la oficina del distinguido director del centro cuatro meses después del hallazgo, y como siempre, ellos pretended que tu estas ciego, sordo y mudo para el mundo.
Te mueres de la curiosidad. Rompes tres frascos ese día, y apenas y prestas atención cuando te dicen que te los van a descontar de tu sueldo. Finges que se te olvido algo esa noche, caminas de puntillas por los pasillos obscuros hasta llegar al laboratorio principal. Hace meses que te hiciste una copia de la llave, aún cuando sabes que te podría costar tu trabajo.
Te quitas los zapatos junto al tanque, doblas tu camisa con cuidado y la pones encima de ellos con el reloj arriba como pilita de cementerio indio. Es invierno, y el agua está más fría que de costumbre, pero no te importa mucho mientras finalmente te sumerges. Tardas unos minutos y unas cuantas bocanadas de aire en verla, pero Ella viene a ti como siempre. Le sonríes, te sonríe, y nadas alrededor de Ella buscando el secreto que los profesores dicen ya esta listo. Ella te sigue mientras das vueltas a su alrededor, un baile con burbujas como música.
Al fin te toca, y sientes el cambio de inmediato. Tu piel se seca, se arruga y se junta y tú no puedes respirar. El agua que conforma tu cuerpo pasa por las ventosas en las yemas de los dedos de Ella, aún rodeado del mismo elemento. Ella voltea la cabeza a un lado con inocente curiosidad mientras tus células se mueren una a una y con el H20 se va también el O2 (y el sodio, y nitrógeno, y el fósforo, y todos esos otros elementos necesarios para la vida).
Ella te vuelve a sonreír antes de que pierdas el conocimiento, pero no vuelve a cantar. Descubres su propósito final (arma biológica inexistente, hecha para perderse en las páginas de los tabloides amarillistas) mientras te hundes a fondo del tanque, y Ella te sigue con los ojos muy abiertos, sorprendida.
La superficie del tanque sigue plana, sin una sola onda, y el cuarto permanece en silencio.
(no subject)
(no subject)